Chamamecero por adopción, este talentoso joven porteño, eximio acordeonista, compositor y arreglador, tiene algunos nombres determinantes en su inclinación musical: el primero Hipólito Brittes, su padre, representante de infinidad de figuras del Litoral argentino; su iniciador, Fito Ledesma, y su maestro Nini Flores.
Creció en un ámbito de familiaridad con figuras del chamamé como Isaco Abitbol, quien lo consideró “un muy buen acordeonista” cuando solo tenía quince años de edad. Su crecimiento en este ámbito definió su estilo musical, tomando como modelo a figuras notables del género, como Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel o Abelardo Dimotta.
Siguiendo la línea tradicional del chamamé, su maestría como intérprete y la sugestión de sus composiciones otorgan un renovado vuelo al género.
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